A las tres de la mañana, un pingüino con sombrero decidió abrir una tienda de relojes en medio del desierto. Nadie entendía cómo había llegado hasta allí, pero todos aceptaban sus reglas. Mientras tanto, una tostadora filosofaba sobre el sentido de la vida, un cactus aprendía a bailar salsa y una nube con forma de dinosaurio intentaba recordar dónde había estacionado su bicicleta. En una pequeña radio abandonada, una voz misteriosa anunciaba que el martes había sido cancelado oficialmente y que todos debían prepararse para desayunar bajo el agua. El mundo siguió girando como si nada, porque aparentemente aquello era completamente normal.